El asesinato cometido para ocultar un descubrimiento matemático “peligroso”

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Cuentan que una mañana de mediados del siglo VI a.C. un hombre fue tirado por la borda al mar abierto frente a la costa de Grecia.

El asesinato cometido para ocultar un descubrimiento matemático “peligroso”

Cuentan que una mañana de mediados del siglo VI a.C. un hombre fue tirado por la borda al mar abierto frente a la costa de Grecia.

El desafortunado se llamaba Hipaso de Metaponto y era matemático, teórico de la música y filósofo presocrático.

Fue abandonado a su suerte, y su suerte no podía ser otra que la muerte

Como ocurre a menudo con conocimientos del mundo antiguo, hay quienes dan por sentado que eso sucedió, mientras que otros lo cuestionan.

Nadie ha podido comprobar aún si esa parte de la historia es cierta.

Pero la otra parte es la más interesante: la razón por la que hubieran querido matarlo.

Y es que pocos asesinatos tienen un móvil tan asombroso como el descubrimiento de la inconmensurabilidad y de la irracionalidad, matemáticamente hablando.

Esta historia comienza con una de las celebridades de la antigua Grecia, Pitágoras de Samos (c. 580-c. 500 a.C.), a quien se le atribuye el inicio de la transformación de las matemáticas de una herramienta para la contabilidad en una ciencia analítica.

Pitágoras es, de hecho, un personaje polémico. Como no dejó escritos matemáticos, muchos se ha preguntado si realmente hizo lo que se dice (incluyendo algunos de sus teoremas).

De lo que sí hay evidencia es de fundó una escuela, aunque sus enseñanzas se consideraban sospechosas y sus seguidores, extraños.

Una característica inusual en el mundo antiguo es que aceptaban mujeres.

Las escuelas de pitagóricos se asemejaban más a una secta, pues no sólo compartían conocimiento.

Los estudiantes llevaban una vida estructurada de estudio y ejercicio, inspirados en una filosofía basada en las matemáticas.

Los primeros pitagóricos eran de clase media alta y políticamente activos.

Formaron una elite moral que se esforzó por perfeccionar su forma física en esta vida para obtener la inmortalidad en la siguiente.

 

Según los pitagóricos, para liberar el alma y lograr la inmortalidad, el cuerpo mortal tenía que ser rigurosamente disciplinado de manera que se mantuviera moralmente puro y libre de la naturaleza básica.

De no lograrse, el alma se reencarnaría repetidamente, o "transmigraría", hasta que se liberara por mérito acumulado.

Los pitagóricos también creían en el cosmos, que en ese momento se refería a una idea de un orden perfecto y una belleza en todo el Universo.

Aunque probablemente creían en el politeísmo griego clásico, tenían fe en una divinidad superior, que estaba sobre todas las demás.

Tenían una serie de tabúes, que incluían la carne y los frijoles, y vivían de acuerdo con una serie de reglas que regían todos los aspectos de la vida.

Otra cosa es cierta: Pitágoras es sinónimo de entender las propiedades de los triángulos rectángulos, algo que eludió a los egipcios y los babilonios.

El teorema de Pitágoras establece que si se toma un triángulo rectángulo y se hacen cuadrados en todos los lados, el área del cuadrado más grande es igual a la suma de los cuadrados de los dos lados más pequeños.

En otras palabras, el cuadrado de la hipotenusa es igual a la suma de los cuadrados de los otros dos lados.

Es un teorema que ilustra una de las características de las matemáticas griegas: en vez de depender solamente de los números, apelaban a hermosos argumentos en geometría.

 

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